Mar. Mar 5th, 2024

    Doñana es uno de los espacios naturales más valiosos de España y de Europa. Se trata de un parque nacional y una reserva de la biosfera que alberga una gran diversidad de especies, muchas de ellas en peligro de extinción, como el lince ibérico, el águila imperial o la tortuga mora.

    Pero Doñana se está secando por la falta de lluvias, la salinización y el uso excesivo del agua para los cultivos de fresas (la mayoría para la exportación). Y a pesar de los problemas que amenazan con desaparecer sus espacios naturales, Doñana fue la gran olvidada de los políticos este 23-J.

    ¿Por qué Doñana no interesa a los políticos? ¿Por qué no se toman medidas para garantizar su conservación? Exploremos lo que sabemos de este aparente abandono.

    Intereses encontrados entre proteccionistas y agricultores

    El Gobierno andaluz del PP y Vox quiere regularizar los regadíos ilegales que extraen agua del acuífero de Doñana. Dice que es para defender los derechos de los agricultores y el empleo rural.

    Pero el Gobierno central del PSOE, los ecologistas, los científicos y la Comisión Europea se oponen. Creen que es una amenaza para Doñana y una invasión de las competencias estatales en materia de agua.

    Los propios agricultores están divididos entre apoyar la ley y el miedo a dañar la imagen del sector. Pero, para el 28-M solo Pedro Sánchez visitó Doñana en abril para mostrar su compromiso con su protección.

    Sin embargo, luego de estas elecciones, el PSOE perdió el poder en Huelva, la provincia de Doñana. Desde ese entonces, el PSOE ha silenciado este tema en la campaña para las elecciones del 23-J.

    ¿Por qué se seca Doñana?

    Doñana se está secando por varios motivos, que ponen en riesgo su supervivencia y la de sus habitantes. Uno de ellos es la falta de lluvias, que ha reducido el caudal del río Guadalquivir y ha provocado la salinización de las marismas.

    Pero quizás más decisivo en su desecación ha sido uso excesivo del agua para los cultivos, especialmente los de fresas, que consumen más del 70% del agua disponible en la zona. Miles de pozos (legales e ilegales) extraen el agua del acuífero que alimenta el parque.

    Estos problemas han generado un conflicto entre los agricultores, que reclaman más agua para sus explotaciones, y los ecologistas, que denuncian el impacto ambiental de los regadíos y piden medidas para proteger Doñana.

    También han llamado la atención de organismos internacionales como la Unesco o la Comisión Europea, que han advertido sobre el riesgo de perder el estatus de patrimonio mundial o de recibir sanciones por incumplir las directivas ambientales.

    Regularizar el expolio hídrico de Doñana

    Es un hecho; la agonía de Doñana no ha estado en la agenda política de los partidos que se han presentado a las últimas elecciones autonómicas y municipales en Andalucía.

    Solo el PP y Vox han hecho alguna referencia a Doñana, pero para impulsar la polémica proposición de ley que pretende regularizar los regadíos ilegales y ampliar la superficie cultivable en la Corona Norte de Doñana, una zona que abarca cinco municipios: Almonte, Bonares, Lucena del Puerto, Moguer y Rociana del Condado.

    ¿Por qué no se apuesta por un modelo agrícola sostenible que respete el medio ambiente y beneficie a los pequeños productores? Un humedal único en el mundo que se está secando ante la indiferencia general y solo esperamos que Doñana sobreviva para las próximas generaciones.

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