Quizás algunos recuerden que el ex presidente Barack Obama durante sus últimos días como presidente de los Estados Unidos, en el 2016, se enfrentó a una serie de hackeos por parte de Rusia, para intervenir las elecciones presidenciales, por las que impuso sanciones a los servicios de inteligencia rusos y expulsó a 35 diplomáticos.

Hoy Trump se enfrenta a una serie de hackeos que han sufrido agencias gubernamentales, así como importantes compañías y todos se preguntan si Donald Trump tomará las mismas medidas sancionatorias contra el Kremlin.

Otros piensan que le dejará esa decisión al presidente electo Joe Biden.

Aún no se han reportado todos los daños causados por el ciberataque que involucro un código en las actualizaciones de un software administrativo de la empresa SolarWinds Corp, pero se sabe que un total de 18.000 clientes descargaron la actualización alterada.

Los expertos en seguridad familiarizados con el ataque dijeron que incluso si todavía se están reuniendo pruebas, es importante emitir una condena rápida y tomar medidas para establecer algún tipo de disuasión.

Es la misma manera como piensan los cerrajeros Málaga, y están de acuerdo que siempre que haya dudas, hay que tomar medidas para garantizar la seguridad.

Trump y muchos de sus principales asesores han intentado repetidamente cambiar el foco de atención a China como la mayor amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos, a veces minimizando las acciones rusas en comparación. Poner fin a su presidencia yendo tras Rusia contradeciría esa estrategia.

Problema tenso

Los problemas de ciberseguridad parecen ser particularmente tensos para los ayudantes de Trump. En su libro de 2017 «Fear», Bob Woodward relata un episodio en el que el asesor de seguridad nacional de Trump en ese momento, Tom Bossert, trató de acercarse al presidente.

«Quiero ver el Masters», dice Woodward, dijo Trump a Bossert, refiriéndose al torneo anual de golf. «Tú y tu ciber … me van a meter en una guerra, con toda tu mierda cibernética».

En un artículo de opinión publicado el jueves en el New York Times, Bossert sugirió una idea que probablemente encuentre una mejor recepción por parte del equipo de Biden que la de Trump.

Aunque Trump aún no ha dicho nada sobre el ataque, Biden se hizo eco del argumento de Bossert en un comunicado el jueves, prometiendo unirse con aliados e imponer «costos sustanciales a los responsables de tales ataques maliciosos». Prometió hacer de la ciberseguridad una «máxima prioridad en todos los niveles de gobierno».

Otro problema que Trump, y luego Biden, tendrán que enfrentar es que nadie sabe el verdadero alcance del hackeo y qué harán los hackers con la información que obtuvieron.

Espiar las redes de un adversario es algo que los países se hacen habitualmente entre sí y, por descarado que sea el hackeo, podría provocar solo una respuesta moderada, de acuerdo con lo que han hecho las administraciones anteriores.

Pero si los piratas informáticos utilizan la infracción para fines más nefastos, como cerrar las redes eléctricas, borrar las cuentas bancarias de las personas o exponer información confidencial públicamente, eso podría provocar una respuesta más seria.

Se estima que es poco probable que Rusia sea disuadida de insistir en sus ataques, así que lo mejor es que se creen normas y leyes para regular los problemas cibernéticos, pero es algo que costará dinero y tiempo.